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lunes, 2 de enero de 2012

niley- a su conveniencia- capitulo 7

A miley se le revolvió el estómago y, gracias a un resquicio de valentía, adoptó una actitud igual de provocativa para contestar a la última conquista de Pa­pasakis.
-Espero no habértelo cansado mucho -susurró, su­ gerente-o Ya sabes cómo es cuando se entusiasma. La mujer parpadeó indignada.
-¿Ese desgraciado se ha acostado contigo? miley se bajó un poco la falda y trató de alisarse las arrugas de la blusa.
-Es insaciable, aunque ya lo sabrás -declaró, acer­cándose para hablarle al oído-. Creo que se va a casar. Yo en tu lugar me andaría con cuidado; las esposas ce­losas son lo peor, ¿no crees?
La mujer entrecerró los ojos con furia y siguió caminando hacia el despacho, con unos tacones que, a
juzgar por su expresión, probablemente acabarían en     el trasero de nick.
              miley sonrió de oreja a oreja y siguió hacia la   salida. Era agradable tener el control por una vez, y lo iba a disfrutar.                                                                        

El viernes por la mañana llegó a su piso un sobre con unos documentos y una tarjeta de crédito a su nombre. Se sentó en su viejo sofá y estudió los papeles en detalle. Eran bastante sencillos. Estipulaban el día y la hora de la boda y exponían las condiciones en térmi­nos claros. Al firmarlos, miley renunciaba a su de­recho de reclamar la división de bienes cuando se di­vorciaran. Los firmó encantada, porque no quería el apestoso dinero de Papasakis.
Sin embargo, no estaba segura de lo que debía ha­cer con la tarjeta de crédito. La multa de tráfico de


Kyle la había dejado sin ahorros y, aunque Hugo le ha­bía dado su indemnización, tenía que pagar las factu­ras de la luz y el teléfono. Aun así, se sentía incómoda gastando el dinero de nick y decidió devolvér­sela por correo.
No obstante, sabía que no podría pasar demasiados días sin ponerse en contacto con él. Necesitaba pre­guntarle varias cosas sobre las condiciones de la con­vivencia una vez que estuvieran casados. Le molestó que no pudiera atenderla cuando lo llamó al trabajo. No quería estar pendiente de que le devolviera la lla­mada, y tampoco quedarse en un estado de indecisión y desconocimiento absoluto.
A última hora de la tarde levantó el auricular sin sa­ber muy bien si debía llamarlo a su número privado. Pero antes de que pudiera pulsar el primer número, sonó el timbre de su piso, y dejó el teléfono para ir a abrir la puerta.
    nick estaba allí, con una tímida sonrisa en los labios.
    -Hola, Miley -dijo, recorriéndola con la mi­rada--:. ¿Te alegras de verme?
    Ella se apartó para dejarlo entrar.
-Qué amable has sido al devolverme las llamadas en persona. Me sorprende que tengas tiempo. ¿Esta
noche no tienes ninguna cita amorosa?      .
-Me asombra que me lo. preguntes después de ha­ber saboteado deliberadamente mi relación con Elena Tsoulis.
    -Si ha sido tan fácil, será porque te vendes muy ba­rato.
-Tal vez tengas razón -reconoció, quitándose la chaqueta-o De todas maneras, ya me estaba cansando de ella. ¿Para qué querías verme?


-Quiero saber qué hacer con mi piso. Él echó un vistazo a su alrededor.
-¿Esto te parece un piso?
-Es mi casa -replicó, molesta por el desdén. -Parafraseándote, te vendes muy barata. -Es todo lo que puedo permitirme.
-Será porque has estado demasiado ocupada pa­gando las fianzas de tu hermano. Deberías escoger me­jor cuándo rescatarlo. Si siempre lo sacas de sus apuros, nunca aprenderá a hacerse cargo de sus responsabilida­des.
-Lo que haga con mi hermano no es asunto tuyo. -Te equivocas. A partir de ahora será mi dinero

El que uses para ayudarlo.                                              .
-En cuanto pueda, conseguiré otro trabajo.
-No es necesario. No está mallo de tener una mujer
hogareña.
-Antes muerta.
-¡Qué dura eres! -protestó él  Me gusta la idea de tenerte a mi entera disposición a cualquier hora del día. -Te cansarás pronto.
nick sonrió ante su .franqueza.
-Lo dudo.
Ella se dio la vuelta, porque la incomodaba su forma de mirarla.
     -Quiero que hablemos de las condiciones de la con­vivencia.
     -Ah, sí -dijo él, sentándose en el sofá-o La convivencia.
-Supongo que quieres que viva contigo.
':"'Por supuesto.
-Pero ¿qué hay de mi piso?
-Deshazte de él. ¿Cuál es el problema? ¿Te molesta la idea de compartir mi ático?
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disculpen el retraso enceiro lo lamento tanto y agus_destinyhope claro que la seguire lo que pasa que sali de vacaciones y poes no tenia internet y me adorada prima perdio los capis donde les iba a subir asi que poes si si la seguire y sara no seas tan mala y sara no seas mala y sigue el one shot de memi me encanto cari lloro prima hermosha seguila por fas  si no lo han leido leanlo esta genial